jueves, 23 de septiembre de 2010

miente

Gastón giraba en su cama entre las sabanas pensando en ella, creyendo inocentemente que -como había sido siempre-, ella lo aceptaría tal como es, incluso si le echaba en cara sus propias palabras. Gastón giraba en su cama y soñaba de nuevo con el cabello de ella, por fin se había dado cuenta que lo vivido no había sido un juego que ella nunca había dejado de gustarle, ella lo había introducido en un mundo donde el antes había asomado su vista de lejos, y ahora el estaba seguro, que era parte de su naturaleza, algo innegable, una condena del ser. Ella le había mostrado eso, y después lo había dejado solo con todas esas emociones encontradas con toda esa necesidad insatisfecha. Gastón ya no soportaba mas, quería decirle cuanto queria sentir el calor de su cuerpo y descubrir si de su alma podría llover un riego de amor, si ella seria capaz de aplacar su culpa y su dolor maltratándolo, escupiéndolo, haciéndolo arder para terminar envolviendo esas llagas con la ternura de sus manos blancas. Gastón creía que las cosas seguían intactas, creía que hoy seria un gran día en el cual le confesaría todas sus debilidades para dejar que su destino lo decidiese Ella. Incluso se sentía contento de ser como era. Pero ella volvió a darle la espalda, y al mundo se le acabaron las luces, pues no existe otra persona igual a ella, otra persona tan extrañamente bella. Por eso llora, por eso se acuesta en el suelo de su cuarto con las luces apagadas. El amor miente, y aun se aloja dentro suyo el mismo amor y la misma mentira, asfixiando su pecho, y la necesidad, ahogándose, sin encontrar salida.