sábado, 27 de noviembre de 2010

Carolina






1

Carolina veía despegar las gotitas de detergente entre sus manos. Cuando terminaba de lavar los platos, le gustaba ver lo limpios que quedaban, el brillo que tomaban al haber sido tratados por sus fatigosas manos. Descansaba y se veía a si misma en el reflejo de alguna copa recién lustrada. Unos minutos después de reposar en frente del lavamanos, se sacaba el delantal y de su bolsillo extraía una bolsita de tabaco. Con sus dedos armaba lentamente un cigarrillo para fumárselo en la puerta de salida para empleados. Alberto, uno de los meseros, conocía el habito de Carolina ya que era el único junto a ella que terminaba su turno a las 12 am. Y solía acompañarla mientras ella se fumaba su primer cigarrillo después del trabajo. Esa noche lo hizo y se acerco diciendo

-Hoy estuvo tranquilo
-Fueron pocos platos..
-¿Fuego?
-Si

Y Carolina le alcanzo el encendedor prendido a Alberto y este encendió su cigarrillo industrialmente armado. Alberto dio una seca y expulso el humo por sus fosas nasales diciendo

-Hoy la luna esta llena
-Hoy-Hoy, es un día normal
-Carolina, sos una mujer joven y linda, discúlpame, no es de mi incumbencia, pero es extraño ver a alguien como vos acá
-¿Por que?
-Primero y principal, sos joven, y no deberías gastar tus manos lavando platos

Carolina bajo sus cejas y se miro al suelo, las zapatillas rojas que llevaba estaban sucias y rotas. Levanto su mirada hacia Alberto con las cejas bajas y le dijo

-Este es el trabajo que puedo hacer. Pagan bien y puedo soportarlo. Gracias por decirme joven

Alberto puso una expresión sarcástica y dijo

-Vamos, mujer. ¿Cuántos años tenes?, ¿18?,
-Sabes que tengo 20 años
-Verdad, pero solo sos una niña.., deberías estudiar
-Alberto, me haces acordar a mi padre
-¿El piensa que no deberías trabajar aca?
-No, pero el me cuidaba y también decía ¨La luna esta llena¨ cuando era evidente que lo estaba
-Nunca esta demás decirlo, hay quienes viven tanto en la tierra que se olvidan del cielo
-El cielo es para las aves.. y las estrellas
-Carolina, todos pueden alcanzar el cielo. Va ser mejor que me vaya yendo, me esperan en casa, ¿vas a estar bien?
-Si, llega la chica del turno noche y me voy a mi casa
-Esta bien. Hasta mañana Carolina
-Hasta mañana Alberto

Alberto cruzaba la puerta de salida y Carolina levantaba la cabeza y hacia círculos de humo con un movimiento de su boca. Cuando llego Claudia, su reemplazo de media noche, la saludo fugazmente y salio del bar. Camino hasta su casa, en total era un trayecto de diez cuadras, la noche estaba fresca y miro a las estrellas pensando en que quiso decir Alberto cuando exclamo haber alcanzado el cielo. Las calles estaban casi vacías, se veían algunos gatos merodeando por las esquinas. A Carolina le gustaban los gatos, de niña había tenido uno, el cual había perdido hace un año, la ultima ves que lo vio estaba en una de estas esquinas acompañado de un gato callejero. Al fin llego a su casa, abrió perezosamente la puerta, camino cuatro pasos, y se desplomo en la cama, durmiéndose al instante, el día había sido tranquilo, pero Carolina estaba cansada.

2

Los nuevos rayos del sol entraron por la ventana envolviendo el cuerpo de Carolina. Ella no utilizaba despertador aun que tenia un reloj en un mueble al lado de su cama. Era su costumbre despertarse mediante el sol, por eso las cortinas de su ventana permanecían abiertas. Termino de abrir los ojos y miro a su reloj. Las 8 a.m., Hora de la ducha y el desayuno. Los pájaros cantaban afuera. El pueblo ya estaba de pie. Era una melancólica mañana para Carolina, sentía el silencio de su hogar vacío, ella vivía sola, sus padres hacia un año que se habian mudado de pueblo y pocas veces la llamaban por teléfono. Era una de esas mañanas donde Carolina extrañaba a su gato, y se sentia apagada como todas las luces de su hogar. ¨Otro dia mas¨ pensaba, y las agujas del reloj seguían corriendo. Carolina estaba aburrida de su empleo, la vida al lado de borrachos y de situaciones eternas y lamentablemente comunes la estaban aburriendo. ¨Hoy caminare hasta el bar, serviré platos calientes de comida y mas tarde abundantes cervezas, los hombres del bar cantaran borrachos y las mujercitas reirán nerviosamente, y yo continuare de una mesa a otra, sirviendo los platos calientes de comida y la abundante cerveza¨ . Se sentía atada a la rutina. Salio de la ducha, desayuno desnuda sentada en la mesa, se vistió y se puso sus zapatitos rojos y salio a caminar hasta el bar.

Llego y como era costumbre, Alberto ya estaba en el bar

-Buen Día Alberto
-Buen Día Carolina, ¿descansaste anoche?
-Fue una noche reparadora
-Yo acompañe a mi hijo al lago, nos acostamos en el pasto a ver las estrellas
-¿Tan tarde?
-Si, Ayer le enseñe sobre las constelaciones
-Es tierno de tu parte que lo hagas disfrutar de la naturaleza
-A eso me refería con alcanzar el cielo
-Si, que bueno que lo mencionas, ayer cuando caminaba a casa me preguntaba que habías querido decir con eso
-Ya ves, se trata de compartir un valor, se podría decir que ayer alcance al cielo junto a mi hijo, uno de esos momentos cósmicos en los cuales se puede creer en la felicidad
-Que lindo..

Era común en Alberto hacer estremecer a Carolina, ella lo estimaba mucho y le tenia mucho cariño ya que era el único mesero con el que hablaba. Los demás se limitaban a saludarlos y hacer las tareas que debían. Los empleados de aquel bar nunca habían sido muy amistosos. Además de Alberto y Carolina, de día atendían Marcelo y una nueva empleada llamada Lucia. Marcelo era un tipo mas bien cerrado, apenas abría la boca durante el día y Lucia hacia un mes había entrado al negocio, era mas bien reservada, y a veces fumaba junto a Carolina en sus horas libres, sin mucha charla. Carolina saludo a los demás y se puso su delantal, pronto llevaría entre sus manos el almuerzo de mucha gente.



lunes, 8 de noviembre de 2010

Jazmin & Cristina

Hay cubitos de azúcar-Dijo Cristina, con un extraño entusiasmo

Jazmín le contesto con una mueca-mirándola a los ojos mientras revolvía su café

-..,Oye, ¿y que hay de Marcelo?-Le dijo

Cristina le contesto sin expresión, mirando al suelo.. hasta que exploto en risa como una esquizofrénica

-Nada.., ¡Hay cubitos de azúcar!-Dijo Cristina
-Ya se. ¿Estas bien?-Le dijo, extrañada
-¿Qué esta bien?-¿Qué esta mal?-Dijo Cristina

La actitud de Cristina comenzaba a incomodar a Jazmín, es posible que debido al sueño sea mas
difícil soportarla, de todas formas ya bebía su café caliente-con cubitos de azúcar, y pronto
los parpados dejarían de esconder a sus ojos

-..,Esta muy rico-Le dijo
-¿Qué cosa?-Dijo Cristina
-El café. Oye, ¿me pintas las uñas?-Le dijo
-¿De qué color hoy?-Dijo Cristina
-Verde-Le dijo

Jazmín le pidió que tome el esmalte de la mesa, Cristina lo tomo y después tomo la mano con delicadeza de Jazmín, que se alzaba separando sus dedos

-No te equivoques esta vez-Le dijo, seriamente
-¿Por qué?-Dijo Cristina
-Por que no quiero mancharme-Le dijo, con ojos en llamas

Cristina se dedico a observar detenidamente la mano
de su amiga mientras la pintaba, las venas que se veían a través de su piel, una cicatriz de garras-gatunas, los anillos que poseía en cada dedo.